Como parte de las actividades cotidianas de mi viejo en la chamba, recibió una citación al Congreso para explicar los avances del proyecto del que es director ejecutivo: Programa para la Gestión Ambiental y Social de los Impactos Indirectos del Corredor Vial Interoceánico Sur.
Y eso… “¿cómo se come?” pensará usted. Y la verdad que yo tampoco tengo idea pero suena a una de esas huevadas que solamente Jota y sus amigos de comunicación para el desarrollo pueden entender, cuando están en El Sargento…mirando al techo, ¿me entienden? Pero bueno, la cosa es que lo llaman al Congreso a hablar. Y yo, que la verdad hace tiempo siento que no escribo un post tan bueno como el de Ene y el Micro Cochino, pensé que no podía perderme la ocasión para inspirarme. Así que lo acompañé.
A ver. Lo habían citado a la 1 y 30 en la Sala Leoncio Prado. Bueno, si por lo menos algo sabe de nuestro Congreso, no le sorprenderá enterarse que la reunión se produjo más bien en la Sala Grau y a las 2:15 a pesar de la muerte de la hora cabana, Horacio el reloj puntual, el comercial de MC Francia (ese de “respeto guarda respeto” con reggaeton ho’s y todo) y toda la fanfarria que ahora se supone que seguimos. Lo cierto es que la única hora con la que siempre hemos sido puntuales, y vale rescatar que sin necesidad de comercial con vedette bailando la batidora, es la de salida.
En fin, entramos y comenzó mi agónica muerte. Para comenzar la comisión que ve estos temas creo que es esa de asuntos afro, indios, amazónicos… pa hacerla fácil, esa comisión donde ponen a todos los que tuvieron que incurrir en gastos de mudanza legítimamente para trabajar en el Congreso. Si recuerda El Regreso del Jedi y el hueco ese en que iban a meter a Luke y la pandilla choclito en el desierto de Tatooine, donde se viven mil muertes y mil aberraciones por mil años (y la verdad que hicieron una mejor tarea de inventarse un infierno que la propaganda de la iglesia católica… o sea fuera de huevadas si me la pintaban así fácil hubiese hecho primera comunión o algo), exactamente así fue esa reunión en el Congreso. Duró tres horas. Tres horas hablando de “Programa para la Gestión Ambiental y Social de los Impactos Indirectos del Corredor Vial Interoceánico Sur” (en adelante PGASIICVIS…mucha huevada; mejor: “La Huevada”).
Así que horas de horas cada personaje invitado por el Congreso habló de La Huevada. Y de ahí comenzaron las preguntas y empezó lo bueno. De un momento a otro, un congresista le echó a la interoceánica la culpa de la prostitución, el contrabando, el aumento de la tala ilegal, la inmigración hacia Puerto Maldonado y hasta la ineficiencia de las autoridades regionales y locales. Un poco más y le echa la culpa del 5-1 contra Ecuador, de hacerlo salir a chupar a Reimond Manco, de que dejen de hacer Tico Ticos, de poner a Burga de Presidente de la Federación, de la chompa atroz esa que se puso Paolo Guerrero para salir caleta y hasta casi le echan la culpa de comenzar la juerga de la selección en el Hotel El Golf, por no decir la caída del arete de Malú Costa.
Pero lo más gracioso fue cuando las dos congresistas indígenas se pusieron a hablar. Primero que no se les entendía ni mierda. Pero no ni mierda como poco, o casi nada. No, no; ni mierda como NI-MIER-DA. O sea, cuando dicen que las deberían dejar hablar en sus respectivos idiomas de origen no están pidiendo nada ridículo como que se suban los sueldos de los congresistas o que haya reelección indefinida en Venezuela. Debieran dejarlas. No solamente por principio sino que por sentido común. Es decir, prefiero una traductora que hable castellano o cualquier lengua que sea susceptible de entendimiento por parte de, al menos, un ser humano (incluyendo quien lo habla) que tener que lidiar con el idioma que ellas involuntariamente destruían. Fuera de huevadas, no hay derecho que por una cojudez del Congreso ni ellas puedan expresarse como debieran ni los demás puedan entenderlas. O sea, como quieren que no hayan prejuicios si el propio Congreso las obliga a decir cosas como “tengo tierras bastante”, “me han respuestado”, “lo que usted me ha exponido”. Desde aquí un pedido. Olvídense de si el tema es que el Perú sea un país pluriétnico, plurirracial, plurilingüe o pluri-de-la-reputa-madre, se trata de poder trabajar. ¿Nos adecuamos al siglo XXI? ¿O es que nos sentimos demasiado serranos (indios, ¿cholos?) si alguien habla quechua o aymara en nuestro Congreso? ¿Superamos?
Ese pequeño aviso político contratado aparte, resumo lo poco que pude entender de las expresiones de las congresistas:
“Señores funcionarios todo respeto, yo quiero saber ustedes en qué beneficia esta carretera al Perú. Yo con toda sinceridad le digo que la verdad no va a beneficiar. Va a servir nomás para que Brasil pase sus productos, pase sus camiones. A ellos sí va a beneficiar pero nosotros beneficiar no. Eso solo prostitución infantil, mercantilismo, igual que telecé. ¿Qué va a beneficiar mis hermanos?”
O sea, algo le jode, pero lo que sea que sea, es “enenteligible”.
A la luz del mensaje cabe analizar aquí otra cuestión metafísica del Perú. ¿Alguien está repartiendo puntos bonus por decir “no” y yo no me enterado?” O sea, en serio. O es que hay un concurso o estamos otra vez en una de esas huevadas de ganar el record Guiness de la causa más larga o el cebiche más picante o la pileta más alta, cara y cojuda o una de esas huevadas. Si alguien sabe algo porfas dígame. ¿Estamos contando cuántas veces se dice no en una década?
O sea prendo la tele y veo mil personas gritando en la calle protestando por algo. Se acerca una periodista y la primera palabra de la persona entrevistada es “no”. Y no como en la respuesta a la pregunta “¿usted vio al asesino?”, “no, no lo vi”. Sino como parte del siguiente adagio urbano-contemporáneo “no señorita, no hay derecho pes señorita, no pede ser señorita. Así no son las cosas.” Incluso la gente que marcha sin saber por qué, porque piensa que es de puta madre, porque no tiene nada más que hacer, porque le pagan o porque está molesta pero no sabe con quién, siempre tiene el mismo floro: “no pes señorita, eso no pede ser, no hay derecho señorita, no pes, siempre es lo mismo señorita” Y la tipa lo mira con cara de “pero no pues ¿qué? ¿Qué no puede ser? ¿Qué derecho no hay?”
Y cuando tiene la osadía de decir lo que está pensando ¿qué le responden? (Vamos todos en coro) “No pes señorita, no hay derecho señorita, eso no puede ser señorita, siempre es lo mismo señorita”. Y cuando la periodista se pone incisiva y pregunta de nuevo le dicen “usted periodista que oprime, que desinforma, que habla mal así del magisterio (del trabajador portuario, de las enfermeras, en fin) está mal pes señorita. Por eso vamos a seguir en la lucha con los hermanos para hacer frente a este atropello y vamos a continuar con la medida de fuerza y hacer movilizaciones a nivel nacional.”
Después de haber pasado el agonizante día con mi Calvin en el Congreso, estoy seguro que si lo vuelven a citar mandará su respuesta:
Estimada Presidenta de la Comisión de los Congresistas que sí se mudaron:
Por medio de la presente me permito saludarla ya la vez hacerle llegar mi opinión la misma que lamento consta de tres frases:
- No pes señorita
- No hay derecho pes señorita
- Así no son las cosas
Aprovecho la oportunidad para reiterarle mis sentimientos de respeto y estima.
Sandy Calvin
Director Ejecutivo de La Huevada
